ALIMENTACIÓN EN EL ANCIANOEl envejecimiento de la población del mundo desarrollado, y la gran incidencia de problemas nutricionales en el anciano da lugar a un interés creciente en la sociedad por el conocimiento de las necesidades nutricionales de este colectivo. Las medidas dietéticas no son capaces de detener el proceso natural del envejecimiento, pero sí de modularlo para alcanzar una excelente calidad de vida en los ancianos. Las necesidades nutricionales de las personas de edad avanzada con un óptimo estado de salud no parecen diferir de las personas adultas. Una dieta variada, equilibrada y saludable es capaz de satisfacer todos los requerimientos energéticos. Sin embargo, la ignorancia en la utilización de los principios elementales de la alimentación puede ser responsable (por parte de los individuos y algunos colectivos) de muchas deficiencias nutricionales: utilización de dietas muy restrictivas por la presencia de enfermedades añadidas, la realización de una alimentación monótona o poco apetitosa en instituciones, uso de dietas “milagrosas” con la idea de rejuvenecer, etc. Varias son las causas que pueden alterar el estado nutricional de los ancianos: Alteración de la estructura de la boca
Disminución de las papilas gustativas y de la capacidad olfativa
Disminución de las secreciones salivares, dificultad en la deglución
Tránsito esofágico más lento
Menor secreción ácida en el estómago y frecuente atrofia de su mucosa
Disminución del flujo sanguíneo, y de la actividad y metabolismo hepáticos
Frecuente Intolerancia a la lactosa
Presencia de patología asociada y medicación
Aislamiento social y problemas económicos
Incapacidad física para la selección y preparación de los alimentos
A. Necesidades energéticas El metabolismo basal de las personas desciende un 3% cada año entre los 20 y los 80%. Junto a ello, y como norma general, las personas ancianas disminuyen la intensidad de la actividad física. Todo ello se traduce en una disminución en general del gasto energético diario. Las necesidades energéticas deben ser calculadas teniendo en cuenta las fórmulas adecuadas para la misma: - Fórmulas de Harris-Benedict: - Fórmulas de la OMS: B. Necesidades de proteínas Aunque se supondría que la reducción la masa muscular daría lugar a una disminución proporcional del recambio de las proteínas, se ha demostrado que la renovación de proteínas corporales de un anciano no difiere significativamente de la del adulto sano, estableciéndose en 0.75 g/Kg de peso/día. C. Necesidades de grasas Los niveles de colesterol se elevan en el momento del nacimiento, alcanzando un máximo a la edad de 50-60 años, para ir descendiendo progresivamente con la edad. En individuos ancianos es conveniente reducir el consumo de grasas saturadas, al igual que en la población general, pero estableciendo unos objetivos no demasiado restrictivos que limiten y reduzcan su calidad de vida. Así se debe asegurar una ingesta de grasas en torno a 30-35% del consumo calórico diario, manteniendo un aporte correcto de grasas polinsaturadas alrededor del 10%, para asegurar la ingesta de ácidos grasos esenciales con la dieta y de vitaminas liposolubles. D. Necesidades de carbohidratos E. Vitaminas y minerales CalcioLas necesidades de calcio de las personas ancianas tienen interés debido al problema de la osteoporosis (1 de cada 3 personas mayores de 65 años padece osteoporosis en nuestra sociedad). En la osteoporosis factores hormonales, genéticos y la ingesta de calcio son fundamentales. Se ha de tener en cuenta que las necesidades de calcio están determinadas por el contenido de fósforo y proteínas de la dieta. El aumento de proteínas de la dieta tiende a incrementar las pérdidas urinarias de calcio. El contenido inadecuado de calcio puede ser resultado de una ingesta deficiente, de una pérdida de absorción del calcio por deficientes niveles de vitamina D (exposición a la luz e ingesta), o por exagerada eliminación producida por un aumento de las proteínas de la dieta y facilitada por el consumo de alcohol y cafeína. En la dieta, la leche y productos lácteos son las mejores fuentes de calcio. HierroEn las personas de edad avanzada no es infrecuente la aparición de anemia; sin embargo la deficiencia de hierro no es siempre la causa, y muchas veces son debidas a alteraciones digestivas, sobre todo por alteración en la absorción de vitamina B12. Por eso, antes de utilizar suplementos de hierro es necesario investigar las posibles causas subyacentes. En general, las necesidades de hierro en los ancianos son las mismas que en los adultos más jóvenes. ZincAunque la absorción de zinc disminuye con la edad, la deficiencia de este mineral no es frecuente en las personas con una alimentación saludable y equilibrada. Las recomendaciones dietéticas n el colectivo de personas mayores asciende a 15 mg/ día. VitaminasEn las sociedades industrializadas, el colectivo de mayor riesgo de deficiencias vitamínicas es el de los ancianos. La ingesta inadecuada puede producir alteración funcional, orgánica y clínica. Las recomendaciones de vitaminas están siendo revisadas, ya que se observa una gran proporción de personal mayores con niveles límite de vitaminas. El uso de megadosis de vitaminas no está indicado como profilaxis, ya que en las personas mayores la probabilidad de sobredosis es mayor. Una dieta variada y equilibrada cubre las necesidades de minerales y de vitaminas de la mayoría de ancianos. F. Agua - Es fundamental dar prioridad al seguimiento del balance hídrico de los ancianos, por el peligro de deshidratación. En un adulto, la pérdida de un 105 del agua del organismo determina trastornos evidentes, y la de un 205 puede causar la muerte. Durante el envejecimiento existen varios factores que favorecen el desequilibrio del agua: Disminución de la ingesta de agua causada por: disminución de la sensación de sed provocada por el envejecimiento
disminución de la apetencia y la tolerancia a determinados alimentos ricos en agua como la leche
disminución del acceso al agua, por pérdida de la autonomía física y psíquica
temor a beber y consumir alimentos ricos en agua por miedo a incrementar el riesgo de incontinencia urinaria, sobre todo por las noches
dificultades en la deglución, alteración de la cavidad oral, sequedad de la boca
dificultad en la manipulación de alimentos ricos en agua (por ejemplo sopas) por patologías como artrosis, hemiplejia, Parkinson.
- Aumento de la eliminación por el propio envejecimiento del riñón, o debida a medicación, o enfermedades como diabetes e insuficiencia respiratoria entre otras. En los ancianos debe recomendarse y procurar su consumo, como si de un medicamento se tratase. Debe recomendarse la ingesta de más de 8 vasos de agua al día (al menos 2 litros de líquido). Es preferible que su consumo se realice entre comidas para evitar la dilución del jugo gástrico y la saciedad temprana, aunque se debe beber agua en las comidas pero no de forma excesiva; hay que evitar las aguas azucaradas y limitar las bebidas alcohólicas y las ricas en cafeína y cola. Cuando la ingesta de líquido es dificultosa, se puede proporcionar mediante el uso de agua gelificada.
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