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La Unidad de Endocrinología y Nutrición de IML
ofrece a sus pacientes dietas personalizadas.
IML es un centro médico de referencia
en tratamientos de dieta proteinada.
Los médicos expertos de IML combinan la nutrición
con tratamientos médico-estéticos personalizados.
La dieta bajo control médico representa el pilar fundamental
del tratamiento de la obesidad.
En IML la prescripción de una dieta se acompaña
de una adecuada educación nutricional.
  

Obesidad y Sobrepeso: Dietas y Técnicas Asociadas ¿Qué papel juega la actividad física en
el tratamiento de la obesidad?

Se define ejercicio o actividad física como aquella actividad rítmica que eleva la frecuencia cardiaca por encima de los niveles de reposo e involucra el uso coordinado de grandes grupos musculares.

Actividad física en el tratamiento de la obesidad

Hay dos tipos de actividad física, la cotidiana y el ejercicio físico programado.

La actividad cotidiana es aquella que se puede realizar como elemento normal de nuestra vida cotidiana (subir escaleras, bajarse una parada antes de la habitual en el habitual, etc.), son fáciles de realizar.

La actividad programada es a la que se dedica un tiempo extra determinado (nadar, correr, etc). Como sabemos, la obesidad se produce por un desequilibrio entre la ingesta de energía y el gasto cardiaca, luego podemos asumir que cualquier actividad que incremente el gasto cardiaco es una medida eficaz para la reducción del peso.

Actividad programada

Sin embargo, el ejercicio como medida aislada en el tratamiento de la obesidad, no produce cambios sustanciales en el peso (disminución de alrededor de 0.01-0.09 Kg/semana) o la composición corporal (disminución de 0.01-0.02 Kg/ semana de masa grasa).

Aun así, un adecuado tratamiento integral debe constar de dieta hipocalórico y ejercicio físico adecuado por los numerosos efectos beneficiosos, que hacen del ejercicio físico un elemento de indudable valor en el tratamiento integral de la obesidad.

Incrementa el gasto energético basal

El ejercicio regular incrementa el número de calorías quemadas como grasa; así, si se reduce conjuntamente el número de calorías ingeridas con una dieta hipocalórica baja en grasas acelera la pérdida de forma significativa al obtener un balance energético negativo.

Gasto energético

Modifica la composión corporal

Durante una dieta hipocalórica se pierde masa grasa (75%) como masa magra (25%). El ejercicio físico en el tratamiento integral de la obesidad se ha relacionado con una menor pérdida de tejido magro.

Además, al ser la masa muscular más activa metabólicamente que el tejido graso, se compensa en parte el descenso en el gasto calórico que se produce en toda situación de restricción calórica.

Modula el apetito

Es una idea muy difundida creer que hacer ejercicio para bajar peso es un error porque estimula en apetito.

La actividad física modula el apetito

En individuos no obesos hay un incremento de la ingesta para compensar la pérdida de energía

Pero este efecto no se ve en la obesidad, incluso algunos estudios relacionan el ejercicio físico con una menor elección de alimentos con alto contenido en grasa.

Mejora los factores de riesgo asociados a la obesidad

La práctica de ejercicio físico se asocia a un descenso del nivel de colesterol (total y LDL) y triglicéridos, y un ascenso en el HDL. Tiene efectos favorables sobre la tensión arterial y el metabolismo de la glucosa (con descenso de la resistencia a la insulina). Se observa una relación inversa entre la práctica regular de ejercicio moderado y mortalidad cardiovascular.

Mejora el estado de salud general del individuo

La actividad física tiene efectos psicológicos favorables, mejorando la autoestima y ayudando a superar la ansiedad producida por un estado de estrés como la restricción calórica.

La actividad física mejora el estado de salud general

Sin embargo, la introducción del ejercicio físico cotidiano en la obesidad encuentra las limitaciones propias de la edad problemas físicos asociados (artrosis, cardiopatía, restricción pulmonar), el propio exceso de peso y conflictos psicológicos (vergüenza, inseguridad).

En general se debe recomendar la práctica de ejercicio físico programado, así como el incremento de la actividad física cotidiana, de forma regular y adaptada a la edad y condición física del individuo, para ser progresivamente incrementada sobre todo en la fase de mantenimiento.

Es conveniente que la introducción del ejercicio se haga de forma gradual, para progresar a medida que lo haga la condición física. Se considera óptimo aquellas actividades aeróbicas que consiga promover un gasto energético diario de al menos 300 Kcal/día, y que eleven la frecuencia cardiaca a un 75-80% de la correspondiente para la edad del paciente (220-edad).

Debe desarrollarse durante un mínimo de 30 minutos tras 5 minutos de calentamiento, 4-7 días a la semana. Si esto no es posible por las características del paciente, se considera adecuado el incremento exclusivo de la actividad física cotidiana.